No están desregulando el mercado. Están privatizando el riesgo

La palabra desregulación tiene buena prensa. Suena a libertad, a menos burocracia, a más mercado. Y como todos los que trabajamos en el sector inmobiliario, nosotros también queremos más mercado: más crédito hipotecario, más inversión, más operaciones, más ladrillos puestos en pie.

Por eso mismo hay que decir esto con todas las letras: nadie en Córdoba está pidiendo menos mercado. Estamos pidiendo el mercado que atrae inversión de verdad.

Y ese mercado no se construye sacando reglas. Se construye con confianza.

Una aclaración que cambia todo el debate

Empecemos por lo que casi nadie dice: el mercado inmobiliario argentino ya es libre. Nadie está obligado a contratar un corredor matriculado para comprar, vender o alquilar una propiedad. Quien quiere operar por su cuenta, puede hacerlo desde hace décadas.

Entonces la discusión real no es «más libertad o menos libertad». Es otra, mucho más precisa: ¿qué necesita la Argentina para que las familias vuelvan a confiar en poner sus ahorros en un ladrillo?

Porque ahí está el verdadero cuello de botella del sector. No sobran reglas. Falta confianza.

Lo que en realidad se está discutiendo

Cuando se propone sacar del medio al Profesional Inmobiliario matriculado, no se elimina un costo. Se elimina un sistema: el único que hoy responde patrimonialmente por la operación, está sujeto a un código de ética, puede ser sancionado y actúa como Sujeto Obligado ante la Unidad de Información Financiera, verificando identidades, documentación y origen de fondos.

SACAR ESO NO REDUCE EL RIESGO DE LA OPERACIÓN. SOLO CAMBIA QUIÉN LO CARGA.

Antes lo administraba un sistema profesional regulado. Después, lo carga solo cada familia que pone en juego los ahorros de toda una vida.

Esa es la diferencia entre desregular y desproteger.

Por qué esto es, en realidad, la agenda pro-inversión

Acá está el punto que se suele perder en el debate: los capitales no llegan primero por rentabilidad. Llegan primero por previsibilidad. Ningún fondo, ningún banco, ningún desarrollador serio pone un dólar donde no sabe quién responde si algo sale mal.

Los países que consiguieron atraer inversión inmobiliaria de largo plazo no lo lograron bajando estándares. Lo lograron subiéndolos: profesionalizando, digitalizando controles, dando trazabilidad. Eliminar responsabilidades no es modernizar un mercado. Es dejarlo más solo, justo cuando necesita más respaldo institucional para crecer.

Los costos que no se ven en ningún gráfico

Los costos visibles de una operación inmobiliaria son fáciles de calcular: una comisión, un honorario. Los invisibles aparecen después, y son los que realmente duelen: un problema dominial no detectado, un boleto mal confeccionado, un fraude documental, un juicio que se pudo haber evitado.

Esos costos nunca entran en la cuenta de «cuánto ahorra» la desregulación. Pero son los que terminan pagando las familias, con el patrimonio de toda una vida.

Lo que sí hay que discutir — y estamos dispuestos a discutirlo

Nada de esto significa cerrarse a modernizar. Si hay normas para actualizar, actualicémoslas. Si hay procesos para simplificar, simplifiquémoslos. Si los honorarios tienen que ser plenamente libres, conversemos sobre eso también. La eficiencia y la competencia siempre suman, y el sector compite todos los días por tecnología, servicio y precio.

Lo único que no debería estar en discusión es quién responde cuando algo sale mal. Esa no es una variable de mercado. Es la base sobre la que se construye cualquier mercado.

La confianza también cotiza

Argentina necesita más crédito, más inversión, más operaciones inmobiliarias. Pero para lograrlo necesita, antes que nada, reconstruir confianza. Y la confianza no aparece por ausencia de reglas: aparece cuando existen instituciones que protegen a quienes se juegan el ahorro de toda una vida.

Por eso lo decimos así de claro: no están desregulando el mercado. Están privatizando el riesgo.

Y UN PAÍS QUE QUIERE CRECER NO NECESITA MENOS RESPONSABLES. NECESITA MÁS CONFIANZA.